Los balcones de Pamplona

Mikel Urmeneta, artista responsable este año del logotipo de Flamenco On Fire, se pregunta desde la colección de camisetas por él diseñadas que duende está el Duende. Y aquí, en Pamplona y en esta semana, resulta obvio que el Duende se encuentra en las horas diurnas -aunque suela asociársele con las nocturnas- no por los rincones cantados por el gran Tomás Pavón, sino por los balcones. Por balcones como el del Gran Hotel La Perla, donde el día del Corpus cuelgan los capotes de paseo de los matadores en él alojados. O como el del Ayuntamiento, donde, aventurero, tira los tejos a las estatuas de la Prudencia y la Justicia. O como el habilitado en la calle de la Mañueta, donde viera la primera luz Sabicas y a cuya ventana, entre otros, va a asomarse para recordarnos el misterio de la soleá -y también el de la granaína- el quizá penúltimo clásico de la guitarra flamenca: Pepe Habichuela.

Tanto éxito ha cosechado este ciclo, inaugurado en la anterior edición, que creo que Pamplona ya no puede pasarse sin disfrutar de flamenco en los balcones durante, al menos una semana al año. Claro que el tema exige madrugar y hay que comparecer prontito en el vestíbulo del Tres Reyes. Por él vamos desfilando cada mañana todos los artistas y visitantes convocados a Navarra por la pasión On Fire, y algunos abandonan las sábanas antes incluso de lo exigido por la balconada. Nada más salir del ascensor vemos, por ejemplo, a Arcángel resollando en recepción y con los brazos en jarras. Viene de correr. Se abre una puerta y aparece, sudoroso, Bandolero. Viene de su sesión de cinta en el gimnasio. ¡Flamenco y deporte! Combinación que, hace muy poco y más allá de los ocasionales partidos de fútbol -flamencos contra camareros y dueños- organizados por los tablaos, sonaba a extraterrestre.

Nos echamos, en fin, a la calle. Tiras por la de San Antón o –pasando ante el consulado de Italia- por la paralela, donde abre sus puertas el vegetariano Sarasate, cuyas sabrosas pochas todos hemos probado, y, antes de llegar a la Plaza del Castillo, te encuentras con toda seguridad con Paco Suárez, siempre –ya con sombrero panamá, ya con canotier y florido pañuelo al cuello- dando vueltas en su cabeza a proyectos orquestales. Con Joaquín Calderón, ya estrenado su documental sobre Sarasate y a busca de inspiración para su nuevo rodaje en curso sobre Flamenco On Fire. Con Natalia Juaristi, aficionada de pro al flamenco y al toro. Con Mon Montoya, uno de cuyos lienzos puso en pie el cartel del primer festival. Con Maider Beloki, concejala de cultura, y su inseparable Sara Vertiente. Con Mara B. Fine, hija de Sabicas, que no se pierde un Flamenco On Fire. Con Makiko Sakakura, directora de Flamencolabo, el medio japonés que está cubriendo el acontecimiento. Con Marote y Sergio Delgado, responsables de que los sonidos negros suenen a gloria a todo el mundo. Con los conferenciantes de este año: José María y Curro Velázquez-Gaztelu, Pablo Calatayud, Ricardo Pachón… Con Anya Bartels-Suermondt, la fotógrafa preferida de muchos flamencos, pero también de José Tomás y otros grandes del toro. Con Ricardo Hernández -coordinador de Gaz Kaló- en labores mercuriales, de apoyo en ruta y arcangélicas en general. Con Antonio Parra tomando mentalmente nota de todo de cara a confeccionar su artículo para El País. Con Rafael Manjavacas, Paco Manzano, Manuel Montaño y Javier Fergo cámara en ristre. Con Sandra Gallardo, que dentro de nada vuelve a impartir sus prestigiosos cursillos de baile. Con Jesús Basurte, que aún no ha arreglado el lío de la plaza de toros de Tarazona…

En la Mañueta toca, decíamos, Pepe Habichuela, que hace derramar sal desde los bordes de más de un lagrimal acentuando como él sabe sobre el diapasón para inundar el aire de penas y jazmines. Su idilio con Pamplona es de los duraderos y sus falsetas y trémolos forman ya parte de la banda sonora de una ciudad con señorío que gusta de los artistas con pedigrí. Dentro de poco va a celebrar a lo grande, con tres veladas en el Price de Madrid, sus primeros sesenta años sobre los escenarios. Junto a él estarán José Mercé, Farruquito, Poveda, Estrella Morente, El Pele, Tomatito

A la Mañueta también se sube -primero de todos- Raúl Rodríguez, triunfador la víspera en el Tres Reyes junto a su madre Martirio, cantautor flamenco que, además, recordándonos sus tiempos en Son de la Frontera, hace galopar sobre el tres cubano los ecos siguiriyeros y los aires por bulerías de Diego del Gastor. Y Guadiana con el toque de Paco Heredia, personal como en él es norma por soleá y bulerías. Uno de los capitanes de los estilos extremeños, Guadiana siempre canta a gusto en Pamplona, y la ciudad se siente a gusto con él. Hay feeling. Idéntico puente de simpatía se ha tendido entre la ciudad y David de Jacoba, que se asoma a la Mañueta junto a su hermano Carlos para formar un lío similar al de la noche de la víspera en el Tres Reyes. En Pamplona, donde ya había meses atrás cantado para un círculo selecto en Casa Sabicas, ha entrado con fuerza y, mientras damos un sorbito a nuestro tinto con limón nos preguntamos hasta dónde va a llegar este talento suyo, tan carismático y flamenco

El orden procesional es el siguiente. Del balcón de la Mañueta, al del Ayuntamiento y, de éste, al del Hotel La Perla en la Plaza del Castillo. En el del Ayuntamiento escuchamos al trío formado por Josemi Carmona, Javier Colina y Bandolero esas alegrías y esa farruca que tanto nos gustan, paradigma de clase, buen gusto y sensibilidad. Seguimos apreciando en Josemi ese sabor y ese halo e hilo que nos acarician el oído como un trasunto melódico de los trasteos de Manzanares padre. Y escuchamos también a Riqueni, que en cada uno de sus trémolos canta a una vida nueva y siembra la esperanza de la música. El sol de justicia que cae de plano sobre su frente no es capaz de lograr que desafine o falle en una sola nota. ¡Importante obra, su Parque de María Luisa! Y a Pedro El Granaíno con Patrocinio Hijo a la guitarra, que invade el éter con su eco esmaltado de querencias camaroneras y sus guiños a Morente, Chocolate o Tomás. Josemi vuelve al Ayuntamiento, ahora junto a su padre y con una propuesta, pues, más rancia, con una fidelidad a los orígenes que tampoco Manzanares dejó nunca de recordarnos.

¡Continúa el recorrido! Salomé Pavón debuta en Pamplona en el balcón de la Mañueta y por San Melquisedec -santo del que sólo minorías muy selectas son devotos- y acompañada por las guitarras de Miguel y Juan Vargas. Su naturalísimo cante y su enduendado carisma causan sensación a la concurrencia que abarrota la calle, como la causarán al día siguiente, último del festival, a los arracimados en la Plaza del Ayuntamiento como para asistir al chupinazo de los Sanfermines. Puntean y rasguean los Vargas sus sonantas con la lumbre que los acredita y Salomé canta por fandangos, tangos, zambra o soleá por bulerías bajo las estatuas de los Hércules, semidioses protectores también de la sevillana Alameda donde nacieran su abuelo Caracol y sus padres Arturo y Luisa, y la gente se les entrega. ¡”Beste bat! ¡Beste bat!” (“¡Otra más!” ¡Otra más!”), grita en vascuence la multitud sumida en fervor caracolero… Javier Fergo toma una foto de ella en el balcón del Ayuntamiento en la que -todo un símbolo sin palabras de lo conseguido por Flamenco On Fire– parece Indira Gandhi en uno de sus baños de masas.

Llegamos a la Plaza del Castillo, donde Bruno y Lorena Jiménez emocionan y arrancan salvas de aplausos y olés y silbidos de aprobación con su tema dedicado a Sabicas. ¡Difícil, eso de encontrar mesa libre en alguna terraza! Comparece Tomasito con Paco Vidal a la guitarra y, al compás irresistible de su cante, su baile y sus letras socarronas se forman en la plaza corros en los que las alumnas del Cuarto de Corralillos de Eva La Lagartija y Miguel Jiménez –Loretxo Iñarrea, Esther Bedmar, la pintora Conchi Medina…- se hinchan de bailar por bulerías. José Maya, que danza mañana en el Tres Reyes, no quería perdérselo por nada del mundo y logra llegar a tiempo tras acabar de impartir su clase magistral. A esta hora y en el Alvia está ya entrando en la estación el otro José Maya, su tío, Segismundo en La vida es sueño y protagonista de muchos otros Shakespeares, Lopes y Calderones. Lo de Tomasito es para enmarcarlo y su romance de valentía con el público de Pamplona, hoy por hoy, inmarchitable.

Gran impacto causa en La Perla también Duquende, cuyos melismas cabalgan sobre las cuerdas de la sonanta de Paco Heredia para provocar un sensacional alboroto por Levante y tangos. Y gran acogida brinda asimismo la afición al ascendente dúo formado por José Enrique Morente y Juan Habichuela Nieto, al que aún tenemos que ver en el Tres Reyes. El cierre al ciclo de balcones de este año lo protagoniza en La Perla el cantaor pamplonés Jolis Muñoz, que pone firmes a la concurrencia con una nana tejida de sentimiento a flor de piel y, tras versionar la saeta de Serrat y cuando empieza a caer del cielo más que sirimiri, logra que nadie se mueva del sitio con sus gitanísimos tangos. Suenan a su lado, desde el balón vecino, la siempre airosa guitarra de Rafa Borja y el violín de Claudia Osés.

Al flamenco en la calle se ha sumado este año y con vocación de continuidad la jam session de la calle del Carmen, que disfrutamos a la par que el arroz servido al lado por Isabel y Chema Muñoz en Casa Sabicas, liderada por Bandolero y Piraña y con Popo, Josemi, Rico Muñoz, Salomé Pavón, Riqueni, Miguel Vargas, Lorena y Bruno Jiménez o la cantante cubana Mirta Junco, venida al On Fire expresamente desde Alemania. También iba a bailar en la Plaza del Ayuntamiento Alba Heredia -en el montaje Maga– mientras era pintada por Mikel Belascoain, pero el acto se suspendió al lesionarse la bailaora. Lástima, porque la idea nos hacía evocar el lance no vivido de Dalí pintando a La Chunga en la playa antes de irse corriendo a Figueras a ver desde barrera a Camino y los Girón. Mas el año próximo será, Dios mediante.

Y bueno, aún no hemos llegado al final. Quedan cosas por contar. Pero déjennos, antes, degustar un pincho. ¡Volvemos pronto!

Fotos de Paco Manzano.



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