Juventud, Divino Tesoro

Una vez más, en Septiembre y por tercer año consecutivo, el cuartel de Conde Duque de Madrid suena Flamenco. Cuatro han sido las tardes en las que, con el cartel de “todas las localidades vendidas” por delante, el público madrileño ha podido disfrutar del toque, cante y baile de una generación de menores de 30 años que viene pisando fuerte y que está dispuesta a dejar este arte en lo más alto del pódium.

Esta edición ha sido apadrinada por el gran bailaor Cristóbal Reyes, que fue el cierre de la primera de las veladas, acompañado por María Juncal como artista invitada, dejando paso el resto de los días a una cantera impulsada por la ilusión, el amor a una cultura y el trabajo constante para rendir cuentas con un público entregado a la causa. Esta misma tarde de Miércoles el cante vino por parte de Rosalía, acompañada de Joselito Acedo y la guitarra de Mercedes Luján. Sin querer dejar de mencionarlo, nos resultó imposible asistir este día por lo que únicamente podemos contar, eso sí, el comentario generalizado de la gran tarde allí vivida, el sabor a lo añejo y lo revolucionario del flamenco.

Foto de Carmen Fernández – Enríquez

Los tres días siguientes no nos los perdimos por lo que hemos podido sentir en nuestra piel cómo la atmósfera de este teatro ha ido “in crescendo” en cuanto a tensión emocional con el paso de los días. El Jueves protagonizado por Alejandro Hurtado, en la parte guitarrística, ganador este año del Bordón Minero, con la Taranta, Soleá y Seguiriya que interpretó nos hizo entender el porqué de su premio. Vino a Madrid y dejo el listón muy alto en una tarde que después fue protagonizada por mujeres: al Cante la extremeña Celia Romero acompañada por Paco Cortés, que destacó en los Tangos por su frescura, y la bailaora chiclanera Macarena Ramírez, que imprimió carácter dejándose ver bailar Alegrías con mantón y bata de cola y Caña con sombrero cordobés.

Foto de Paco Manzano

El viernes nos esperaba una tarde noche de arte que no defraudó, esta vez el cartel era protagonizado por dos hombres y una mujer; la primera parte, guitarra, Álvaro Mora, al que esperábamos con muchas ganas pues ya habíamos escuchado hablar de él en su intervención este verano junto al Maestro Riqueni en la Suma Flamenca. No defraudó, Álvaro tiene un nivel técnico y una transmisión que arrancó los olés del espectador aunados a un silencio sepulcral para no entorpecer el sonido de su sonanta por Taranta, Soleá y Alegrías. Llegaba el turno del cante, Jerez y Sordera, pero la última y femenina versión de la saga: Lela Soto, hija de Vicente, tiene “aprendío” el aire de su casa al que añade una dulzura infinita. La madrileña de nacimiento y jerezana de casta, simplemente cautivó. Comenzando por Bulería por Soleá, también interpretó Seguiriya acordándose de sus antecesores, Fandangos y Bulerías, acompañada por Nono Jero que es una de las guitarras de acompañamiento a tener muy en cuenta. Palmas de Luis de Perikín y Marta Heredia. El baile, por parte de Málaga, David Martín, que se atrevió con el mantón, aunque su arranque por Martinete dejó su huella más personal.

Foto de Paco Manzano

Ya con la resaca de lo acontecido el Viernes, la tarde del Sábado auguraba ser de órdago y lo fue. Entrábamos a las 6 de la tarde por el patio de Conde Duque, recordando las noches de los Veranos de la Villa allí vividas. Y así, como si de un flashback se tratara, sobre el escenario, del teatro esta vez, abría el recital Tomatito hijo, haciéndonos recordar los recitales de su padre en ese patio ya mencionado, en solitario o con Raimundo, porque el niño del Tomate tiene mucho de su padre, y de Paco. ¿Una guitarra puede tener carisma? Indudablemente. José Fernández Torres así lo demostró y a más de uno hizo emocionarse. Quiso en las Bulerías acompañarse de Cristóbal Santiago como segunda guitarra y Joni Cortés al cajón. Tras la gran ovación era el momento del cante, agárrense los cinturones. Tras unas cuantas veces en las que le he escuchado, puedo afirmarlo, Israel Fernández es, bajo mi punto de vista, el número uno de esta generación menor de 30 años. Para empezar salió al escenario con una puesta en escena diferente, pues se acompañó de tres palmeros, que hicieron además compás de nudillos sobre una mesa, Rapico, Rober el Moreno y Juan Motos. A las cuerdas, su Joni Jiménez, y si Israel es el número uno de su generación al cante, Joni sin duda lo es como guitarrista de acompañamiento, viva la sensibilidad! Soleá, Tarantos, Seguiriya y Bulería que remató con un Fandango de Antonio El Rubio que puso en pie al patio de butacas. Aún quedaba el baile, Nazaret Reyes, Gitanería de alta potencia… Digna hija de sus padres, la escuela la tiene en casa pero además lleva en su cuerpo un don natural que la hace pasear por el escenario con un compás como el de pocos. Baile racial pero sin exageraciones, vestida impecable, y una manera de llenar el escenario de energía y luz que dará muchas sorpresas.

Foto de Paco Manzano

Fin de Fiesta con todos los artistas e el escenario, en el que participaron con una pataíta Rober el Moreno y Rapico, dos de los bailaores del momento, que ya en las bulerías de Israel mostraron su baile, y que fue el cierre de este festival en el que las nuevas generaciones del Flamenco han demostrado tener dentro todo lo necesario para llenarnos de gloria en muchas noches venideras, viva el talento!

Fotos de Carmen Fernández – Enríquez y Paco Manzano.



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