Luz de Aurora

Era una noche esperada. Desde hacía un tiempo, anunciada en el cartel de la programación de la Sala García Lorca de la Fundación Casa Patas: Aurora Vargas. No había dudas, ese día marcado en el calendario para no faltar, pues a parte de ser una de las artistas más del gusto de una, no es muy habitual ver a Aurora actuar en Madrid.

Como nosotras pensaron por lo menos 90 personas más que llenaron la Sala. Entre ellos, por supuesto, su marido, Pansequito, su tía, la gran María Vargas, y los cantaores Rocío Díaz, Antonio Ingueta y Samuel Serrano, acompañado este último por Rafael “El Cabeza”, guitarrista con el que había estado el chipionero dando un recital unas horas antes en la Peña Flamenca “El Mami” y de donde venían muy contentos, pero “me he venío a ver a Aurora que me quita el sentío” – nos dijo en la barra de Casa Patas el cantaor.

Una vez sentados, entra en escena la Vargas, elegantísima, vestida de negro con un pañuelo rojo de lunares, acompañada por Miguel Salado a la guitarra y el compás de Chicharito de Jerez y Rafael Junquera. Comenzaron por Alegrías. Sabíamos que era una noche para disfrutar del Flamenco sin más, en su pura esencia, sin aditivos. Una voz, una guitarra, muy jaledada por cierto, y las palmas y compás de dos de los enormes, Chicharito y Rafael Junquera.

Fuimos a pasarlo en grande y lo pasamos aún mejor. Aurora es festera donde las haya, una festera de la que todas las artistas de generaciones menores deberían beber, aprender, inspirarse. Tiene tal fuerza que es capaz de dejar a cualquiera de veinte a la altura del betún. Pero además de la que formó por Tangos y Bulerías fue especialmente emocionante escucharla por Soleá y Seguiriyas. Tiene esos quiebros en su garganta que la hacen tan diferente, tan flamenca…! La maestría de la que tanto hablamos a veces, luce por sí sola cuando una leona del Cante y del baile ruge sobre unas tablas. Qué manera de saber estar! Qué fácil parece todo cuando lo hace alguien tan grande.

En la segunda parte del recital, vestida de blanco de arriba a abajo, parecía una novia. Guapa a reventar. No quiso perder la oportunidad de invitar a su tía María Vargas a subir al fin de fiesta, con mucha admiración por parte de la sobrina y con mucha emoción por parte de la tía que demostró de donde le viene la fuerza a Aurora. El recital terminaba con las pataítas de Chícharo y Junquera, los olés del público y el entusiasmo de Benamargo, a mi lado, por la noche vivida.

A la salida las caras marcaban la diferencia. Todo el mundo con una sonrisa. La satisfacción de haber estado en un concierto de los que pocas veces se viven. La sensación de haber vuelto a ver como una vez más el FLAMENCO es caballo ganador. 

 

Fotos de Sara GPunto Foto.



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